No soy bot, soy yo

Mayo, 2019 | Escrito por Lucía Pires, Responsable de Contenidos de Una Gran IDEA, Intercambio Empresarial.

No soy bot, soy yo

Se avecina un cambio extremo del que quizás la inteligencia artificial sea la manifestación más ostensible, pero es sólo una entre tantas otras. Ante ello, la mayoría de los ejecutivos y CEOs comparten una misma inquietud: ¿cómo adelantarse a un mundo que todavía no existe pero que se acerca cada vez más rápido?

Si bien el reemplazo del trabajo humano a manos de las máquinas viene de larga data, tanto las grúas en los puertos como las sembradoras y cosechadoras en el campo, y su funcionalidad tradicional de suplantar el trabajo físico, se traducen hoy como la punta del iceberg de un fenómeno cada vez más profundo, que alcanza, por primera vez en la historia, al trabajo cognitivo.

A la hora de evaluar qué está cambiando la inteligencia artificial y la automatización de las tareas en nuestro trabajo cotidiano, la variable más obvia de la ecuación ronda en torno a la supremacía de las máquinas en materia de habilidades técnicas, nuestro histórico pilar de apoyo profesional. Al respecto, la reacción inmediata apunta a realizar un viraje de carácter estratégico hacia las habilidades blandas en las que somos eminentemente irremplazables.

Sin embargo, en un segundo plano, emerge la pregunta sobre cuál es el impacto del factor humano en esa transformación. Comprender nuestra capacidad de influencia aparece como una de las claves para entender cabalmente este proceso y potenciarlo.

El avance de la tecnología se inmiscuyó a tal punto en nuestra cotidianeidad que la gran mayoría de nosotros acostumbra a confirmar constantemente su propio status de humanidad. De eso se trata el Captcha: el dispositivo mediante el cual los portales de internet se aseguran de que somos humanos y que sigue siendo hasta el día de hoy el mejor escudo que existe contra el fraude cibernético.

Según las estimaciones de su propio creador, Luis von Ahn, las personas a lo largo del mundo tecleamos doscientos millones de Captchas por minuto, e invertimos un promedio de diez segundos en cada uno. Es decir que dedicamos quinientas mil horas humanas por día a probar que no somos bots.

Para que esto no se convierta en un desperdicio colectivo, Von Ahn tuvo una segunda idea, que bautizó como ReCaptcha, y que consistió en comenzar a utilizar como código todas aquellas palabras de los libros antiguos que, por su deterioro, los programas que escanean no logran descifrar y digitalizar. De este modo, encontró la forma de combinar los dos mundos y aportar una solución innovadora y de gran valor para la sociedad.

“Tememos a la posibilidad de que una máquina pueda hacer los asientos contables, y tal vez sean tremendamente aburridos y esté bien que eso suceda. Quizás lo que necesitemos sea una persona que ayude a armar una ingeniería impositiva, que diga cómo manejar los fondos de inversión, y se dedique a otra cosa donde ser realmente humano sea lo que cuente”, analizó Juan Ramiro Fernández, Chief Storyteller, durante el último Evento Anual del Management de IDEA.

“En economía, lo que abunda es barato. En este caso, sobra tecnología, y lo que escasea es nuestra capacidad de utilizarla para ser mejores humanos y conectar con otros de una manera diferente, algo que las máquinas todavía no pueden hacer”, agregó.

En la misma línea, Santiago Bilinkis, founder partner de Sirius Tech, expuso: “El ejemplo de la medicina es súper claro, porque el hecho de que la computadora en el futuro vaya a ser mejor a la hora de diagnosticar e indicar un tratamiento no quiere decir que los médicos vayan a desaparecer, porque hay una conexión empática entre personas que es esencial para los seres humanos”.

A modo de conclusión, sintetizó: “La combinación entre máquina y humano es mucho mejor que la máquina sola, y eso es lo que garantiza el trabajo, aunque este cambie, y las habilidades requeridas para él, también”.

En general, cuando hablamos de innovación tendemos a caer en el error de que se trata solamente de tecnología. Sin embargo, también están ocurriendo cambios exponenciales en términos culturales, sociales y vinculares que son aún más difíciles de predecir que los primeros. A pesar del papel sobredimensionado que cumple la tecnología en las películas futuristas de ciencia ficción, las transformaciones de carácter interno del ser humano que muchas veces pasan desapercibidas, no merecen una atención menor.

La relación entre las personas y su entorno, el impacto de sus actividades en el ecosistema, los cambios demográficos, son todos ejes fundamentales que están en debate, que van a generar su impacto y sobre los que hay que mantenerse expectante. En este sentido, cabe preguntarnos, ¿cómo nos están transformando aquellas innovaciones que no miramos, las que pasan por debajo del radar de manera silenciosa?

El periodista especializado Sebastián Campanario opinó al respecto: “Los profesionales de los medios de comunicación solemos enfocarnos mucho en historias de robótica, inteligencia artificial y otros temas digitales, pero hay algunas avenidas de la innovación tecnológica, como nanotecnología, blockchain, biotecnología y todo lo que tiene que ver a la cuántica aplicada, que tienen un problema de relato porque son más difíciles de contar”.

“Esto lo que produce es que haya muchos temas que están volando por fuera del radar y que no tienen la atención mediática que deberían tener. Es una especie de fenómeno de innovación silenciosa que hace que en realidad no percibamos la verdadera velocidad de cambio que estamos viviendo, sino que solamente estemos enfocados en partes muy chiquitas del proceso. La situación es fascinante porque nunca tuvimos tantas historias para contar, tantos temas al alcance de la mano. Son años muy interesantes para vivirlos”, concluyó.

¿Cómo avanzar?

Atentos a lo que está sucediendo en el mundo organizacional, de cara al mañana, es importante comprender la diferencia entre innovación y disrupción: mientras que el primer concepto remite a hacer mejor lo que venimos haciendo, el segundo consiste en aniquilarlo y reemplazarlo por un modelo completamente superador.

Sin dudas, es difícil llevar a cabo este desafío en la propia compañía, en tanto sabotea todo lo que hace que funcione como tal. Requiere coraje y conlleva un precio alto: destrozar algo en su mejor momento. Sin embargo, vale la pena, ya que significa no sólo adelantarse al futuro, sino construir el camino hacia él. Pero, ¿cómo hacerlo?

Para lograr tomar conciencia de los cambios en los hábitos de consumo que suceden y luego decantan en nuevos patrones culturales, no predecirlos sino solamente percibirlos, los especialistas recomiendan abordar nuestro propio conocimiento del mundo a partir de cuatro variables: las cosas que sabemos que sabemos, las que sabemos que no sabemos, las que no sabemos que sabemos y las que no sabemos que no sabemos.

Al respecto, el consejo de Campanario: “El desaprendizaje es uno de los hábitos que vamos a tener que incorporar, así como el de elegir proyectos que tengan la tasa de retorno en aprendizaje más alta posible, para asignarle tiempo y energía a ello. En pos de adquirir las capacidades necesarias para pivotar en este mundo tan cambiante, hay que dejar de pensar tanto en la rentabilidad, la imagen y la diversión, y empezar a pensar cada vez más en hacer cosas con gente lo más distinta a uno posible”.

Para conocer más sobre el tema, la Semana del Management, del 27 al 30 de agosto, en la Usina del Arte.

En esta nota aparecen

Juan Ramiro FernándezChief Storyteller en YouniversalContent
Santiago BilinkisFounder partner de Sirius Tech
Sebastián CampanarioColumnista en La Nación

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